La Asamblea Constituyente, vía para la paz

Frente a la violencia golpista, física y simbólica, llaman al presidente electo a traicionar la palabra empeñada. Como si la claudicación fuera a detener al racismo politizado. Este ha tomado ya una decisión, ejecutar un golpe de Estado por la vía de la leguleyada o de la fuerza.

Enterrar los partidos políticos

El sistema político nacido de la Constitución fujimorista está basado en la componenda y disputa de partidos-empresa. Estos son los intermediarios más efectivos de la oligarquía minera-banquera-agroexportadora (CONFIEP) y la embajada norteamericana.

La trampa de la falsa polarización

La destrucción de los partidos políticos y del sistema partidario, el encumbramiento de la corrupción y la demolición del sistema educativo son el legado del fujimorismo en el Perú, esas tácticas siniestras nos han convertido en una República agonizante.

¡JALLALLA!, el grito de un pueblo

Por primera vez en la historia de la República del Perú un maestro de escuela rural se convierte en presidente de la República. Pedro Castillo Terrones, candidato de la izquierda más profunda del país latinoamericano, vence a Keiko Fujimori (hija del dictador y reo Alberto Fujimori) en las urnas, y así es el registro fotográfico en Lima y Piura (dos de las ciudades más grandes del país).

Fotografías: Gian Masko Angulo, Luis Javier Maguiña, Leandro Amaya Camacho.

Ética y Política en el Perú Bicentenario, por Rolando Talledo

Ética y Política en el Perú Bicentenario En la actualidad, dentro del quehacer político, algo que resulta importante identificar, señalar y estudiar es la relación que existe entre este y la ética. Inmersos en una realidad con índices de corrupción exorbitantes, esta necrosis atraviesa todos los niveles sociales y está presente en casi todos los tipos de sociedad. En este escenario surge la imperiosa necesidad de un discurso que abrace como consigna la ética y una praxis que la cumpla, además de un freno al avance agigantado del individualismo y egoísmo que parecen haber secuestrado las instituciones con actores políticos que parecen delincuentes de alta peligrosidad. Lo vemos ahora en el proceso electoral de nuestro país, donde una fuerza política cuya popularidad está a la par de su criminalidad, por poner sólo un ejemplo. ¿Qué relación existe pues entre ética y política? Esta pregunta ha ocupado a los grandes pensadores a través de la historia, empero, es una interrogante muy vigente en nuestra sociedad. En el contexto actual, que desnuda los peores escenarios en la praxis política, se vuelve necesario el planteamiento a manera de urgencia, de “moralizar” la politique. Sin embargo, podría ser necesario hasta repensar el nexo o la relación entre ellas, puesto que el vínculo entre ética y política lo hemos heredado de la antigua Grecia, esto es, un “deber ser” no ajustado, quizá a nuestro tiempo. Una serie de incongruencias e imprecisiones surge   n al pensar la política bajo una óptica arcaica, sobre todo en el escenario de “posmodernidad”, por lo que cabe preguntarse: ¿debemos refundar los conceptos que rigen el quehacer político y las normas éticas que lo regulen? Desde Locke, Rousseau, hasta Montesquieu se abordó el estudio acerca de la naturaleza de la política. Fue Maquiavelo quien con una mirada particular advirtió en su obra cumbre El Príncipe, que el objeto de la política no es otro sino el ejercicio del Poder. Aunque en aquellos tiempos la anatomía del poder era condicionada por el nido donde se nacía, una estructura social jerárquica y de castas. Con la aparición del mercado, impulsado por el liberalismo (doctrina económica-política-social, que surge a finales del siglo XVIII), cuya consigna es la búsqueda  de la libertad individual y una intervención mínima del estado en la vida social y económica; la vida pública y vida privada empiezan a diferenciarse profundamente y con ello, la mirada distinta de lo moral en el seno familiar como en el social. En ese sentido podemos hablar de una ética para lo privado y una ética para los asuntos públicos, que de alguna forma es lo que define esta época en la praxis política. La imperiosa necesidad de la contención ética y moral de lo político no es un fenómeno reciente. A través de diversas formas en los distintos tipos de sociedad y gobierno se ha frenado o intentado frenar el abuso del poder, la tiranía. Una interesante dualidad surge de pensar la correspondencia entre lo público y lo privado, el fin de la contención ética puede darse ya sea a través de la ética privada que se refleje en la cosa pública, o por el contrario sea la ética en lo público lo que forme buenos ciudadanos. Cabe preguntarse entonces cuál es el papel de la ética en la sociedad democrática de la modernidad. La democracia en nuestro tiempo, ha devenido en un mito que, en vez de abrazar la participación activa de los ciudadanos, parece ocultar las relaciones de poder que fluctúan en nuestro seno social, alejando al ciudadano de la cosa pública. En la democracia, como en toda forma de organización, se forman élites, estos núcleos de poder se ven camuflados por el discurso democrático, que a fin de cuentas es un discurso legitimador del ejercicio del poder. Es precisamente el discurso democrático el que cumple la función de ocultar las relaciones de poder que, por naturaleza de nuestro sistema, son injustas y desiguales debido a la particularidad de nuestra estructura social, estratificada y asimétrica, con una enorme brecha entre ricos y pobres, lo que da como resultado una barrera para la participación del ciudadano de a pie en la cosa pública. Es en este escenario donde la ética política se aleja de sus acepciones primigenias para aparecer huérfana de moral. Aunque cabe señalar que para el liberalismo esta premisa pueda parecer infundada, debido a que se produce a nivel teórico una distinción entro lo Moral y lo ético, quedando solo este último en relevancia para el análisis de lo político. En una sociedad tan diversa como la nuestra, es necesario señalar que existen diferentes perspectivas morales por lo que la ética ha de apelar al sistema social o comunitario de valores para que rijan la actividad pública, es decir a la Moral, como sistema de valores inmanentes a la comunidad. Sin embargo, no es menos importante mencionar que toda vez que coalicionen los diversos puntos de vista en el seno social, en la pugna por el ejercicio del poder, se cuestionarán los significados que a este sistema antes mencionado le den los diferentes grupos que interactúan en la sociedad. Esta es precisamente una de las características de la sociedad democrática, resultado de la regulación de la convivencia y convergencia de diferentes grupos sociales bajo un mismo sistema, en este caso, de gobierno. Es importante también mencionar que esta característica deja abierta la posibilidad de que en ocasiones un grupo que ostenta el poder imponga sus concepciones y por ende su sistema de valores. Es precisamente sobre este terreno que afloran los cuestionamientos éticos al ejercicio político en nuestra sociedad democrática, puesto que la ética fue y sigue siendo la mejor aliada para corregir o enderezar la desnaturalización de la democracia por parte de quienes ostentan el poder. En la pugna propia del ejercicio político en la partidocracia, es parte del juego político señalar el desvío del grupo adversario, como si de una guerra sin códigos se tratara, no importando si se emplea un solo discurso carente de sustento o si es

Crónica sobre la muerte de mi madre, por Antonio Zeta Rivas

A pocas horas de una fecha tan especial, recuerdo el último día de mi madre. Eran las 5.30 de la mañana, afuera todavía no asomaba el alba, y ella estaba lista para la diálisis. Sonia, mi hermana, la había vestido como quien viste a una hija para ir de paseo, probablemente como muchas veces mi madre la vistió a ella hacía más de treinta años.

SANTA ANA: LA LARGA SED DE LOS CIEN AÑOS (primera parte)

¿Te has imaginado vivir en un pueblo donde cada día y durante 100 años deben tus abuelos, tus padres, tú y tus hijos caminar kilometro y medio hacia un noque, hacer cola por una hora y llenar -si tienes suerte- 5 bidones de 20 litros para llevarlos a tu casa y así resistir una semana a la sed, las enfermedades, el olvido y la pobreza?