Un acercamiento a la poesía de Mariela Dreyfus mediante su poemario «Memorias de Electra»

Mirtha Chong, profesora de lengua y literatura, analiza el potente poema Post Coitum y nos acerca a la obra de la poetisa peruana Mariela Dreyfus.
Los Súbditos

Adolfo Venegas es una de las voces más poderosas y respetables de la literatura piurana, con este cuento obtuvo la máscara de bronce otorgada por el prestigioso premio literario «El cuento de las 1,000 palabras». Su prosa es irreverente, graciosa y por momentos nostálgica, llena de evocaciones a una época lejanísima donde tal vez habitó feliz.
A pesar de ser un escritor casi inédito, pues se ha negado a publicar el resto de sus escritos, posee la calidad auténtica de los grandes narradores.
3 poemas de Lisbeth Huamán y Diego Samalvides

En Nube Roja estamos comprometidos con la literatura nacional, en especial con las nuevas voces narrativas y poéticas que surgen en las regiones del país. Por ello el equipo de redacción (en su mayoría periodistas y narradores) tomó la iniciativa de publicar cada semana a dos poetas noveles y brindarles esta plataforma para la difusión de sus obras. ¡Lean, disfruten y compartan! Nací el 26 de septiembre de 1998 en Choco (Piura, Perú). Soy feminista, dirigente estudiantil de la Universidad Nacional de Piura y al mismo tiempo formo parte de la junta directiva de la Federación de Estudiantes Universitarios del Perú. He publicado el poemario No Esperes Setiembre para Florecer. Lisbeth Huamán Poeta Habitación Amplia Habitación amplia, vacía. La ventana del dormitorio está en la penumbra y yo estoy aquí, como cada madrugada, como cada mañana, como cada noche, con el llanto desgarrador y desconsolado de los gatos techeros. Esta habitación no es mía es amplia, vacía y fría, hay espacio para dos y yo estoy sola, cerrando cortinas, abriendo las piernas consolándome dulce y fríamente. Me refugio después de todo, más allá de todo, más fuerte que todo, cada noche y cada día, cada minuto más allá de los 20 años y para siempre. Diego Alonso Samalvides Heysen (Lima, 01 de marzo del 2000). Actualmente cursa la carrera de Comunicación y Periodismo en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC). Ha sido redactor de UCI Noticias. Columnista en la Revista Cocktail. Ha publicado el poemario “Cuerpo de amor” bajo el sello de la editorial Summa (2020). Obtuvo el 4to lugar en el 5to Concurso de Poesía Nacional Antenor Samaniego en la edición por el centenario del natalicio del legendario poeta peruano. Sus poemas han formado parte de antologías poéticas como “Primavera de Versos”, “Amor Libre” y “Noche de Versos” de la Sociedad Peruana de Poetas. Diego Samalvides POETA Poema IV Cierro los ojos la boca las manos y nacen tus ojos tu boca tus manos Poema XVIII Nada podrá acabarse entre nosotros nada nos quebrará los huesos nada nos soplará las cenizas. Hemos sido una muerte contemplada desde el vacío un silencio una llama un hálito un amor.
Ceviche del alma mía

ACERCA DE TODA LA POESÍA QUE PUEDE CABER EN UN BUEN PLATO DE CEVICHE
Dos poemas de Eduardo Coronel

Eduardo Coronel es un joven poeta trujillano, y con él inauguramos nuestra iniciativa de publicar a las nuevas voces de la poesía nacional. ¡Hay mucho que decir!
El pánico, el odio y la desinformación también son un virus

Por: Leandro Amaya Camacho
Hombres del mar

Esta crónica gráfica documenta la faena de los pescadores de San Pablo, una pequeña caleta ubicada al norte del Perú. Sus autoras, usando un poderoso lenguaje visual, nos muestran la dureza, valentía y nobleza del pescador artesanal.
l’art de mourir- Un poema de Mirtha Chong

l’art de mourir Camino desolada por el infierno de Lima Y me siento como un Dante perdido en los azares del infierno, Totalmente desorientada y confundida, sin un Virgilio que me acompañe en mi camino. Reviso mi bolsillo, solo tengo un sol dentro de mis pantalones. Tengo hambre. Si mucha hambre y en mi vientre siento mucho dolor. Él también tiene hambre. Tomo el bus lleno de personas infectadas por el mal de la neurosis; el sonido ensordecedor de los buses, hace que todos mis sentidos se alteren. Todo alrededor se muestra igual, la gente de plástico me observa con ojos de tristeza como diciéndome “ya te acostumbrarás”, Y lo único que quiero es huir de esta cloaca en la que estoy sumida. La neurosis, la suciedad, el olor a mierda, el rio Rímac cada vez más podrido como nuestro gobierno inútil. No quiero infectarme de esta locura prisionera ¡No quiero! Me bajo del bus, estoy cerca a la universidad, me ha tomado horas llegar; estoy mareada por el hambre y la asfixia. El sol esta tarde muerde. Camino, camino hasta llegar a la Biblioteca Central de la universidad. Tomo un libro. Quiero leer, quiero inspirarme, quiero escribir. Leo a Vicente Huidobro y termino por rechazarlo. En este momento el poeta, no es un dios, el poeta es un hombre, un hombre que siente hambre y frío y que poco a poco se ve contagiado por la neurosis de las masas; abre tus páginas Vicente, y mira la realidad y respóndeme: ¿Cómo buscar la belleza y la perfección, en medio de tanta mierda?, mi billetera muerde mis pantalones, los mendigos imploran un pedazo de corazón y de vida cada mañana, las calles mueren en su suciedad, las nubes se ven subordinadas a obedecer al rey gris que se apodera del cielo. Yo escribo, y escribo mientras mis tripas se retuercen allí dentro. Y mis versos son largos, sin sentido si quieres, son tan largos como unos látigos golpeando el rostro de la clase alta y el lomo de la clase baja. Soy una luciérnaga sin luz, que tiene un poquito de vida aquí dentro. La poesía está perdida, perdida entre los vendedores de Polvos azules y el Mercado Central, Y sigue esperando a que alguien se apiade de ellos. Pero nadie los compra. Todos compran lo que les abastecerá para la sequía. Porque todos los días hay sequía. Sequía en la casa, en las calles, en los barrios, en todo el lugar. Pero la sequía cerebral nadie la aplaca. Son unos locos, unos locos peligrosos que obedecen a un sistema que los maneja. Me dan miedo, me da miedo que me contagien. Estos locos no son libres como nosotros, nosotros somos locos con pies de remolinos, con alma gravitatoria que nos permite volar por la galaxia y un corazón de estrella. Uno de estrella. Meto mis papeles en el bolso, me voy a mi cuartucho barato. Te extraño, te extraño entre mis sábanas sucias y mi colchón de plástico. Espero que algún día vuelvas. Busco como una ermitaña, algún resto de comida entre las bolsas. Como todo lo que encuentro, todo por ti mi pequeño. Llega la noche. Apago la luz de mi guarida, antes de que la vieja neurótica del primer piso, empiece a ladrar. Me acuesto y me tapo. Hace frío, un frío húmedo que saca hongos en la pared de al frente. Pienso en lo que escribí hoy. Esto no es poesía. Acaricio mi vientre y siento como se mueve levemente dentro de mí. Ahora comprendo todo. Mi poema ya está escrito. Está escrito entre mis entrañas y mi sangre. Mi poema tiene luz, tiene brillo. Mi poema tiene vida, da latidos de 155 por minuto. ¡Está vivo! ¡Está vivo! Me da vida a mí también. Mi poema me habla cada noche me dice Mamá, mamá. Licenciada en Lengua y literatura, activista feminista y fundadora de la «Escuela de Formación Política de niñas lideres». Ha sido premiada a nivel nacional e internacional por su dedicada labor en la lucha contra la violencia hacia la mujer. Mirtha Chong CO-FUNDADORA REVISTA NUBE ROJA
Dos poemas de Violeta Barrientos

Por: Violeta Barrientos
Los invisibles tienen plomo en la sangre

Niños contaminados con metales pesados en la sangre en Cerro de Pasco. Historia sobre la minería y los daños en la salud de los habitantes.