Enfermeras del hospital Santa Rosa sin pagos y a la deriva

Aproximadamente 200 enfermeras (os) y técnicas en enfermería del hospital Santa Rosa no han recibido sueldos desde el mes de setiembre y se encuentran firmando contratos cada mes, sin ningúna garantía de estabilidad laboral. Ellos fueron contratados bajo la modalidad CAS para ser personal de primera línea en atención a pacientes con la covid-19, por lo que el riesgo de su labor es sumamente alto. Actualmente no sólo sufren la falta de EPP (equipo de protección personal) sino también la indiferencia de las autoridades regionales. Según indica el Lic. Carlos Córdova, dirigente del personal de salud, el gerente general del Gobierno Regional de Piura, Jesús Torres Saravia, les comunicó que no había presupuesto para cancelar sus honorarios, y una opción sería pagarles la mitad porque el MEF no había efectuado la transferencia del dinero. Es importante mencionar que la resolución ministerial 420- 2020- MINSA fija la escala salarial para el personal COVID-19, y en ella se señala que el profesional de la salud debe percibir una remuneración de 6 mil soles mientras dure la emergencia sanitaria, no hay ningún punto que señale una posible reducción de este monto. Además, señalan una posible informalidad e ilegalidad en sus contratos. La primera vez que firmaron, las clausulas señalaban que las actividades laborales iniciaban el 21 de abril hasta que culmine la emergencia sanitaria. Luego, en octubre recibieron la llamada del directorio del hospital para recoger la copia del contrato, pero se dieron con la sorpresa que todo había sido modificado, la fecha de inicio de labores ya no era en abril sino el 1 mayo, lo único que permanecía del documento anterior era la última hoja donde estaba su firma. Es decir, habían anexado una firma sin consentimiento del empleado al nuevo contrato, lo cual es a todas luces un acto ilegal. Después de este hecho la situación se tornó inestable, según denuncian ahora existe otro tercer contrato cuya duración es de tan solo un mes, y se debe ir renovando continuamente, lo cual los deja en un escenario de incertidumbre laboral (es necesario saber que aquí también se ven afectados sus beneficios laborales, lo cual es preocupante tratándose de personal que está expuesto a un virus mortal). Durante el desarrollo de esta noticia, se publicó en la página oficial del hospital un comunicado donde se anunciaba que todo el personal debería firmar un nuevo contrato (número 4) de acuerdo a los lineamientos del Ministerio de Salud, lo cual es inexacto pues no se señala de que lineamientos se trataría. Una de las licenciadas, quien prefirió mantener su nombre en reserva por miedo a las represalias, contó que su primer contrato no tenía sellos oficiales, ni la firma del director del hospital Edwin Chinguel, lo cual les suscitó dudas, pero en vista de la necesidad laboral decidieron proceder. Comunicado del Hospital Santa Rosa publicado en su página oficial. “Nosotros le dijimos (al director) que era un delito lo que se había cometido, pero alegó que no sabía nada. Los encargados de administración también dijeron que no sabían nada. Por eso anularon ese segundo contrato, ellos sabían que era ilegal, ahora han hecho otro que señala que nuestro contrato va del 1 de mayo al 31 de mayo, quiere decir que debemos renovar cada mes. Incluso la cláusula del sueldo ha variado, ahora dicen que será de acuerdo a lo que la institución tenga para darnos. Nos pueden cortar el contrato cuando ellos quieran” Estas son  las palabras de una enfermera que durante la pandemia de la Covid-19 ha puesto en total riesgo su vida para cumplir con su loable labor. Si no se soluciona este problema, de acuerdo a lo que les han comunicado a los profesionales de la salud, se tendría que despedir parte del personal, lo cual sería preocupante en una región donde la Covid-19 ha cobrado más de dos mil vidas y los contagios (más de 37 mil casos) siguen elevándose exponencialmente.

La envidia entre los escritores ( Anecdotario de Julio Carmona)

Hace unos días, escribí esta copla: Deshojando amarga vida la podría resumir en esta hoja debida: nací para no morir. Y me percaté de que —sin proponérmelo— con el cuarto verso había hecho una paráfrasis del título de Neruda, Para nacer he nacido. Y, bueno, me dije: «Que sea motivo para que empieces a pensar en hacer tu autobiografía, pues ya tiene título». Y en tanto la vida, en retrospectiva, se presenta como una especie de anecdotario (anécdotas que se van acumulando), he visto la oportunidad de empezar con algunas que puedo ir publicando en las revistas que dan cobijo a mis escritos. Y empiezo con la ocurrida, también, no hace muchos días. Mi amiga y excelente intérprete de nuestra música popular (en el mejor sentido del término), Margot Palomino, publicó en su Facebook, un texto que aquí reproduzco, porque motivó un comentario crítico mío a razón de que el escritor Dante Castro había adelantado otro, suyo, a propósito de una infeliz opinión de Antonio Cisneros (insertada en el texto aludido). Dante escribió que Cisneros «Envidió a Vallejo y nunca le llegó ni al talón». Aquí, por el momento, no quiero agregar más, porque los textos se explican solos. «LA ENVIDIA ENTRE LOS ESCRITORES. Por Alberto Alarcón El poeta chileno Pablo Neruda, Premio Nobel de literatura en 1971, decía que, así como en América Latina existe una cordillera de los Andes que la atraviesa de largo a largo, también existe entre los escritores una larga cordillera de envidia. «La envidia ─escribió─ llega a veces a ser una profesión. En cuanto a mí, me han tocado en suerte persistentes y pintorescos envidiosos». Uno de ellos, el más conocido, fue un compatriota suyo y gran poeta, Pablo de Rokha, a quien Neruda terminó llamándolo en sus memorias “Perico de los Palotes”. En la larga lista de sentimientos subalternos, la envidia ocupa un lugar de privilegio. Es un sentimiento muy humano y puede decirse que se produce en los diferentes campos de la vida individual y social. La rae (sic) la define, pobremente, como “Tristeza o pesar del bien ajeno”. Sin duda, es algo más complejo que esto. Entre los escritores, la envidia ha acuñado innumerables anécdotas desde tiempos añejos. Bastaría mencionar la que se profesaron Cervantes y Lope de Vega, cuando este estaba en la cúspide de su gloria y aquel no había escrito todavía su inmortal El Quijote. Fue una envidia con sus bemoles, pues tuvo momentos también de mutuo reconocimiento y halagos.  «Envidió a Vallejo y nunca le llegó ni al talón» Envidia ─y de gran jolgorio─ fue la ocurrida entre el poeta español Francisco de Quevedo y el dramaturgo barroco Juan Ruiz de Alarcón, a quien en algún momento lo llamaron “Príncipe del Siglo de Oro de la literatura española”. Para liberar sus puyas, Alarcón se burlaba en versos de la cojera de Quevedo y este de las dos jorobas (en pecho y espalda) conque[i] la naturaleza maltrataba el aspecto del dramaturgo. Es muy conocida esta copla quevediana dedicada a su rival: Tanto de corcova atrás Como adelante Alarcón tienes[ii], Que saber es por demás De dónde te corcovienes O a dónde te corcovás. Me parece que fue el mismo Quevedo quien, refiriéndose a la envidia entre los escritores dijo que en el infierno el diablo castigaba a los poetas hablándoles bien de otros. Un envidioso célebre fue también el poeta español Juan Ramón Jiménez, Premio Nobel de literatura en 1956 y autor del Platero y yo. Ejerció su envidia contra varios de sus congéneres, pero de modo especial contra Jorge Guillén, un poeta ahora de culto. Leer la biografía de Juan Ramón es leer una retahíla de bajos sentimientos que embargaron siempre al poeta de Moguer. Algo parecido ocurrió —y ocurre todavía— con nuestro poeta universal César Vallejo, quien en los años 20 tuvo duros juicios contra Pablo Neruda y Jorge Luis Borges. El primero fue tolerante con él, y en sus memorias (Confieso que he vivido) le dedicó unas pocas líneas. Borges, sin embargo, lo borró para siempre de sus textos y comentarios. No sólo a él sino a una gran cantidad de escritores con los que no congeniaba. En lo personal, he sido testigo de excepción de cómo importantes poetas peruanos han proclamado sibilinamente su envidia al shulca Vallejo. Uno de ellos, el más desvergonzado, era Antonio Cisneros, quien lo acusaba de acudir a pobres remates en sus poemas. En defensa del poeta santiaguino, escribí esta copla que publico ahora por primera vez: Al poeta Antonio Cisneros No le gusta César Vallejo, Ay, qué gusto más pendejo Tienen estos caballeros.» Comentarios al texto De inmediato, en el Facebook de Margot Palomino, intervino Dante Castro con el comentario que ya incluí en la presentación de esta anécdota, y cuya cita reitero: «Envidió a Vallejo y nunca le llegó ni al talón». Luego de lo cual yo hice lo mismo con el comentario siguiente: Estimado Dante Andante[iii], observa que el párrafo en que se habla de Vallejo —a propósito de la envidia— respecto de Neruda y Borges, no solo tiene defectos de redacción sino que, además, quien queda malparado es César Vallejo. Transcribo el párrafo: «Algo parecido ocurrió —y ocurre todavía— con nuestro poeta universal César Vallejo, quien en los años 20 tuvo duros juicios contra Pablo Neruda y Jorge Luis Borges. El primero fue tolerante con él, y en sus memorias (Confieso que he vivido) le dedicó unas pocas líneas. Borges, sin embargo, lo borró para siempre de sus textos y comentarios.» Comento la primera frase: «Algo parecido ocurrió —y ocurre todavía— con nuestro poeta universal César Vallejo», en esta se debería entender que, en relación con la envidia, fue Vallejo el que padeció dicha envidia; porque así se desprende de la frase citada: que ‘la envidia ocurrió [contra] Vallejo y sigue ocurriendo todavía’, y porque de entender lo contrario —que él era el que envidiaba— la parte explicativa (entre guiones: «—y ocurre todavía—») sería un gazapo imperdonable, pues ya Vallejo no podría ‘seguir envidiando a

El Paraíso olvidado: Asentamientos Humanos entre la pobreza y la pandemia

En el asentamiento humano El Paraíso, ubicado en la parte más alta de San de Lurigancho, decenas de niños han tenido que abandonar los estudios por falta de artefactos tecnológicos y útiles escolares. Sus madres, acosadas por la pandemia y el hambre, decidieron preparar ollas comunes para sobrevivir a la crueldad de la crisis.

Homo: dos poemas de Ricardo Musse

En este contexto es que debemos situar la obra que Ricardo Musse ha publicado bajo el titulo de Homo. Un intento sin precedentes en la poesía de esta parte del mundo por enfrentar de una manera personal y comprensiva, el gran signo de interrogación, dejado por la nueva corriente de libertad de opción sexual y la reacción de una sociedad discriminadora e hipócrita, a veces violenta y criminal, que no ve con buenos ojos la conciencia gay y su lucha por el reconocimiento legal y social de sus costumbres y su forma de amar. (Comentarios del libro)

Borges, ¿un conciliador entre realismo y formalismo?

Yo estoy convencido de que muy pocos (entre los interesados por los temas de la estética y la poética) ignoran que la historia del arte y de la poesía es la historia de una lucha de contrarios que, vista dialécticamente, deviene unidad de contrarios. Es un tema tan antiguo como el arte y la poesía mismos. Y en su devenir ha ido adoptando diversas denominaciones: clásico/barroco, clásico/romántico, «arte comprometido»/«arte por el arte», orden/aventura, social/puro, etc. En el desarrollo de la lectura de este artículo se apreciará el uso de las dos últimas nomenclaturas, en su contradicción y en su conciliación. Sobre esa oposición de «lo puro» y «lo social» he leído lo manifestado por Jorge Luis Borges en su sugerente cuento «El duelo», del libro El informe de Brodie (1970). El título mismo del cuento enuncia el tema de dicha oposición, en paralelo con la anécdota narrada: la rivalidad entre dos personajes femeninos, cuyo final —y final del cuento también— es el siguiente: «En aquel duelo delicado que solo adivinamos algunos íntimos no hubo derrotas ni victorias, ni siquiera un encuentro ni otras visibles circunstancias que las que he procurado registrar con respetuosa pluma. Solo Dios (cuyas preferencias estéticas ignoramos) puede otorgar la palma final. La historia que se movió en la sombra acaba en la sombra»[1]. No hay que ser demasiado perspicaz para darse cuenta de que el duelo entre las protagonistas es el pretexto del texto. En el fondo y paralelamente, el duelo a resaltar por el lector intérprete es la oposición aludida al principio entre las dos tendencias que polarizan al arte desde tiempos inmemoriales (que es «la sombra» que no termina). Esa relación antitética es una unidad de contrarios, en la que ambos se estimulan y se acicatean, sin buscar su aniquilamiento sino su síntesis dialéctica con la preexistencia de uno y la persistencia del otro. Y como —según Borges— no se sabe si hay dios que dirima el conflicto, este seguirá debatiéndose «en la sombra». Y, en esa confrontación de contrarios, Borges —hay que decirlo— toma partido. Pongo un ejemplo, del mismo texto: De manera subliminal (o a través del narrador) alude a un «Congreso Internacional de Plásticos Latinoamericanos» a realizarse en la ciudad de Cartagena. Y escribe: «El temario —séanos perdonada la jerga— era de palpitante interés: ¿puede el artista prescindir de lo autóctono, puede omitir o escamotear la fauna y la flora, puede ser insensible a la problemática de carácter social, puede no unir su voz a la de quienes están combatiendo el imperialismo sajón, etcétera, etcétera?» (p. 394). Todo lo expresado ahí es una caricatura de la posición «social» del arte, y, en este caso, de sus impulsores. Y en párrafo previo había vuelto a «enfrentar» a dichas posiciones (y digo había vuelto, pues más adelante trataré del otro enfrentamiento precedente), pero, en esta vez, lo hace así: «Hacia el año sesenta, “dos pinceles a nivel internacional” —séanos perdonada esta jerga[2]— se disputaban un primer premio. Uno de los candidatos, el mayor, había consagrado solemnes óleos a la figuración de gauchos tremebundos, de una altitud escandinava; su rival, harto joven, había logrado aplausos y escándalo mediante la aplicada incoherencia» (p. 393). Es decir, Borges —sin decirlo abiertamente— mediante el recurso de la ironía o la caricatura desmerece al «arte social» (viejo, truculento, racional), y exalta al «arte puro» (joven, vanguardista). Y otra perla de esa parcialización es la siguiente: «Los diarios habían puesto a su alcance páginas de Lugones y del madrileño Ortega y Gasset [no solo puristas sino fascistas —acotación mía, JC]; el estilo de esos maestros —continúa Borges— confirmó su sospecha de que la lengua [española] a la que estaba predestinada [una de las protagonistas] es menos apta para la expresión del pensamiento o de las pasiones que para la vanidad palabrera» (p. 391).  No hay que ser muy zahorí para percibir en esa aparente denigración del idioma español, una devaluación de los escritores hispanoamericanos que con esa lengua tendrán pocas posibilidades de expresar su pensamiento o sus sentimientos, y solo se quedarán en una palabrería hueca. Y la siguiente observación de Borges que corrobora lo que acabo de precisar, es la siguiente: «Todo, según se sabe, ocurre inicialmente en otros países y a la larga en el nuestro». Es decir un fatalismo insalvable. Y no solo en el arte sino en «todo». Nada se puede hacer en los países hispanoamericanos que no sea calco y copia de lo que se hace en otros países, especialmente los anglosajones, en particular, y los europeos en general. Pero, luego, Borges hace una descripción del antagonismo tendencial, de «lo puro» y «lo social»: «La secta de pintores, hoy tan injustamente olvidada, que se llamó concreta o abstracta, como para olvidar su desdén de la lógica y del lenguaje, es uno de tantos ejemplos». Y cabe preguntar: ¿de qué es ejemplo ‘la secta concreta o abstracta’? Lo es de su falta de originalidad, porque provino de lo que se había hecho en USA o en Europa. Y, otra pregunta, ¿qué es lo que caracterizaba a esa secta?: «su desdén de la lógica y del lenguaje», como si la pintura —sea cual fuere su técnica— no fuera un lenguaje y dejara de tener una lógica (en su armonía o desarmonía de colores, por ejemplo). Y continúa Borges hablando de esa secta, la misma que —dice: «Argumentaba, creo, que de igual modo que a la música le está permitido crear un orbe propio de sonidos, la pintura, su hermana, podría ensayar colores y formas que no reprodujeran los de las cosas que nuestros ojos ven. Lee Kaplan escribió que sus telas, que indignaban a los burgueses, acataban la bíblica prohibición, compartida por el islam, de labrar con manos humanas ídolos de seres vivientes. Los iconoclastas, argüía, estaban restaurando la genuina tradición del arte pictórico, falseada por herejes como Durero o como Rembrandt. Sus detractores lo acusaron de haber invocado el ejemplo que nos dan las alfombras, los calidoscopios y las corbatas. Las revoluciones estéticas proponen

Exposición Colectiva: A las faldas del Chira

A las faldas del Chira Nueve jóvenes fotógrafas de Piura (Perú) se reunen para compartir sus sensibilidades y reconocer con estas imágenes el 488° aniversario de nuestra querida tierra. “Las faldas del Chira” es una exposición que busca dar valor a su mirada como creadoras visuales. Es un recorrido dentro del territorio que comparten y que han labrado con el alma puesta en los detalles, los ojos en la armonía del color y el corazón en la naturalidad de sus retratos.  Como herederas de las soberanas prehispánicas, las Capullanas, hoy quieren sumar a la memoria visual de nuestra calurosa tierra un nuevo capítulo, e invitar así a otras mujeres a explorar con cámara en mano nuevas historias: las nuestras.                                                                   Desyree Valdiviezo Palacios Dellanira Franco La tranquilidad de una tarde  / Paita se refresca  Sullana – Paita 2018 – 2016 Bettina Villegas El otro lado / La celebración de la fe Piura 2019 Malú Ramahí Mujer de Pedregal Catacaos 2017 Liz Tasa Yapatera Morropón 2014 Jocellyn Ramírez Canchaque en las alturas Canchaque  2018 Malú Ramahí Mangos / Arroz en naranjas Tambo Grande 2020 Luz Zavala Un paseo de altura Meseta Andina- Ayabaca 2016 Valeria Velásquez Artesana cataquense dedicada a la filigrana / Rabia mala Catacaos 2019 Isabel Palomino Bailo para sentirme libre Veintiséis de Octubre  2019 Daniela Patiño Calle Música en las montañas Canchaque 2018  Bettina Villegas Eterno lugar Plaza de Armas de Piura 2019 Malú Ramahí Armonía 10 Sullana 2019 Dellanira Franco – Bettina Villegas – Malú Ramahí – Liz Tasa – Jocellyn Ramirez Luz Zavala – Valeria Velásquez – Isabel Palomino – Daniela Calle

Asentamientos humanos de Lima entre la pobreza y la pandemia

A.H. La nueva Casuarina

El poeta español Federico García Lorca definió al Perú como una tierra de metal y melancolía, no estaba lejos de la verdad; el país sudamericano posee una de las tasas más grandes de pobreza extrema a nivel continental (solo por encima de Venezuela y Bolivia), a pesar de tener grandes riquezas minerales y naturales. Con la pandemia de la covid-19 esta situación se ha agravado, se prevé que más de 3 millones de peruanos se volverán pobres durante esta crisis. En este fotoreportaje realizado en el Asentamiento Humano La Nueva Casuarina (San Juan de Lurigancho-Lima) señalamos una realidad general del Perú.