Diálogos y Cultura
LOS LIBROS NO SON DEMASIADOS
"La Palabra Brota"
Una columna de Nando Vaccaro (escritor y periodista).
Hace unos años, en un taller de escritura creativa, un compañero del grupo se quejó con el reconocido escritor Cronwell Jara, quien estaba a cargo de la actividad, sobre la cantidad de libros que debía leer. “No es justo. Usted a nuestra edad tenía que leer menos libros que nosotros”. Es cierto, aunque, a mi parecer, no injusto; injusto sería no poder leer o no tener recursos para acceder a un libro. La cuestión es: ¿qué debemos leer? Sentirnos en la obligación de abarcar los demasiados libros que han sido publicados sería como pretender escuchar todas las canciones que se han compuesto, o probar todos los platillos que se preparan en el mundo. Una vida entera dedicada a esos menesteres no alcanzaría. Es absurdo de sólo pensarlo.
En su obra Los demasiados libros, Jorge Zaid hace una revelación Malthusiana: de continuar la progresión editorial, para el 2050 habrá más libros publicados que lectores. Todos sabemos que leer libros es positivo, del mismo modo que es favorable alimentarnos bien. El problema está en que no sabemos qué leer ni cómo nutrirnos correctamente. Una cosa es leer al paso y comer para llenarnos, y otra que la experiencia de lectura sea transformadora y que la alimentación resulte provechosa. En ambos casos, es trascendental haber iniciado desde pequeños con ambas prácticas, hasta que se conviertan en parte inherente de nuestros hábitos.
que no sabemos qué leer "
Para tales efectos, el rol de los mediadores (guías o referentes) es fundamental. La lectura “se contagia por los lectores en acción: padres, maestros, amigos, escritores, traductores, críticos, editores, tipógrafos, libreros, bibliotecarios y otros animadores del gusto de leer”, precisa Zaid. De acuerdo con el escritor Javier Arévalo, “sin bibliotecas, el hábito de leer no nace en los niños”.
Sin bibliotecas, sin demasiados libros y sin alguien que nos acompañe a ese encuentro es muy difícil iniciarnos en la lectura, como imposible es alimentarnos bien si nunca llevaron a nuestra mesa variedades de verduras, tubérculos, frutas, cereales y menestras.
Los padres, maestros, guías y referentes cumplimos una función de mediación imprescindible: la de abrir el apetito por la lectura y la buena alimentación. Eso no significa imponer lo que se debe elegir, sino propiciar que el asombro y la curiosidad sacien ese apetito. Tengo la corazonada de que la vorágine del mundo actual nos va a llevar a tomar acciones por una vida menos sobrecargada y más natural: alimentación balanceada, actividad física, aire puro, lejos de las pantallas (al menos, por necesarios intervalos) y, por supuesto, con un libro físico entre manos.
Que haya cada vez más libros no es motivo de preocupación sino de alegría. Es como ver todo un campo cultivado por diferentes especies, algunas más provechosas y nutritivas que otras. Felizmente, las predicciones de McLuhan no fueron precisas, porque ni las más avanzadas tecnologías han sentenciado la muerte del libro; por el contrario, día a día florece con nuevas e inexploradas páginas.