A propósito de la publicación por el Instituto de Estudios Peruanos de un reciente informe- ¿Sabes qué música prefieren escuchar los peruanos? – que pretende indagar cual es la relación existente entre los peruanos y la música, donde obtiene resultados bastante similares a los de hace tres años: la salsa y la cumbia lideran las posiciones de preferencia. Antes de continuar delimitemos; ambos estilos pertenecen a lo que se denomina música popular, de origen foráneo, con elementos distintivos a lo peruano. Al menos sucede con la cumbia, ya que en términos de análisis musical podemos hablar de cumbia costeña, cumbia andina, cumbia amazónica o chicha, y una serie de categorías que los “estudiosos” han asignado debido a su profunda cercanía con el fenómeno cultural llamado cumbia, o es quizás por la moda y el proceso de cholificación del cual no escapan las disciplinas sociales. No sucede lo mismo con la salsa, ella sigue siendo cubana, colombiana y caribeña, por más que se le llame “Perucha” no tiene elementos propios que la caractericen, más allá de tomar una letra de alguna cumbia peruana y cambiarle el indicador de compás.
¿Pero qué sucede con los otros estilos que conforman el folclore literario musical peruano, en sus corrientes tradicionalistas y no tradicionalistas, que se practican en nuestro país? Me refiero al huayno, la marinera, el valse, el tondero, yaraví, entre tantísimos otros, además de todas las fusiones que con ellos se hace. Qué sucede con esta música que ha sido relegada a la hora de la comida en las fiestas y radioemisoras, otorgándole una función digestiva que no posee. Por cierto, antes de continuar es preciso señalar que cuando se mencione estilos musicales se hace en referencia a lo que popularmente llaman “géneros”.
Volviendo al tema del vínculo musical y dejando de lado las variables del informe en cuestión, ahondemos en aquella relación que existe entre los peruanos y la música. Para entender un poco más esta conexión debemos señalar que la música, como entidad cultural de un pueblo, está integrada en el ADN histórico de su gente y forma parte del registro sonoro de las personas, o para decirlo en palabras mainstream, es la banda sonora de su vida. En ese sentido, cuál es la banda sonora de los peruanos, hay por lo menos dos miradas para responder a esa pregunta. La primera es la comercial, cuyo objetivo es VENDER, traducir en cifras frías la música y su magia, ver qué estilo se difunde más en radios o canales de transmisión digital, o bueno streaming para los bilingües, y según ello segmentar la audiencia de acuerdo a los intereses de los oferentes, en fin, como un mercado más. La segunda es la mirada desde la etnomusicología, que se ocupará de las dimensiones sociales, culturales, cognitivas de la música y su relación con el individuo y su entorno. Esta perspectiva ofrece un acercamiento más apropiado para estudiar un fenómeno tan complejo como es el Rol de la Música en la vida de las personas.
"Debemos
señalar que la música,
como entidad cultural de un pueblo,
está integrada en el ADN histórico de su gente."
Entonces nos preguntamos: ¿Por qué escuchamos música?, ¿por qué sentimos la música?, pasando por alto el hecho de la escucha no consciente que realizamos en los microbuses, combis, supermercados, emisoras, etc., que no dejan de ser relevantes para ahondar en el porqué, pero específicamente qué nos lleva elegir tal o cual canción, determinado artista, estilo, época, son posibilidades casi infinitas y estas estarán íntimamente relacionadas con factores como el estado anímico, la cultura musical nuclear , aculturamiento, alienación, incluso el clima como sostienen algunos estudios recientes de audiencia.
Es importante señalar que la música como ejercicio estético es fruto de la mirada europea, occidental. Antes de que esta tierra sea llamada Perú, la música como tal no existía, refiriéndonos a la finalidad de ésta, había prácticas sonoras símiles, con una función social determinada dentro de la comunidad. No existía la figura del músico como bufón de las cortes, como sinónimo de entretención, eso es parte de la superficialidad del viejo “nuevo mundo”. Muchas manifestaciones sonoras en la actualidad conservan esa función social, sobre todo las expresiones llamadas folclóricas o tradicionales. Por su lado, la música popular guarda también una conexión profunda con la gente, con su cotidianeidad y ello, sin duda, contribuye a posicionarla en lugares preferentes de audiencia.
Durante los últimos años se ha evidenciado un alza significativa en la aparición de nuevos grupos de cumbia peruana, para simplificar: sureña, limeña y norteña. Hay una cierta tendencia a homogeneizar la cumbia dentro de estos tres grandes aglutinantes, esto es así a nivel de arreglos musicales, temática que abordan en las canciones, voces que van rotando entre las distintas agrupaciones, incluso en la indumentaria, sin embargo, hay grupos con una identidad definida, citar por ejemplo el inconfundible sonido de Agua Marina, incluso Armonía 10– con todo y sus readaptaciones- aunque es justicia decir qué lejos está aquella Armonía 10 de los años 90´s con la mejor plana vocal que ha tenido la cumbia tropical costeña, a nuestro juicio.
Otro de los factores que es determinante en los números de preferencia de la cumbia, hablando de las ciudades en general y de Lima en particular, es que este estilo fue el fondo musical del llamado “Desborde Popular”, proceso que no sólo transformó las metrópolis sino a la gente misma en ese afán de adaptarse a una realidad tan distinta. Indudablemente esta adaptación fue parte de los retos de la modernidad urbana al migrante, junto con nuevas formas de intercambio económico, así como la exigencia de encajar en nuevos cánones morales, entre tantas otras aristas, pero décadas han pasado y las ciudades están reconquistadas por este desborde humano, que trajo consigo sus costumbres- las musicales desde luego- y transformó la atmósfera sonora donde se alojó.
Como Lima acapara y centraliza los medios de difusión y el grueso de los ciudadanos es mayoritariamente parte de ese desborde, sumado a que la cumbia fue y es el fondo musical de su vida, las cifras de preferencia en la ciudad capital seguirán en ese tenor y es perfectamente entendible que así suceda. Quizá en algunos años más el huayno moderno o la canción criolla contemporánea remonten vuelo, sin embargo, por sus características veo poco probable que alcance los niveles de popularidad que la cumbia.
En la actualidad seguiremos viendo cómo la cumbia penetra los sectores en los que se le negó históricamente la entrada, el proceso irreversible de globalización y la invasión cultural de otras latitudes no ha podido con el espíritu indómito de la cumbia peruana, aunque es preciso señalar también que hay una cumbia “light”, reinterpretada para encajar con los gustos pop de los seguidores de Studio 92.
Lo que debemos tener en claro es que ya sea el Grupo 5 tocando en algún matrimonio de Chacarilla o La Planicie, los Caribeños de Guadalupe tocando para los carnavales de Bernal, Armonía 10 “armonizando” una noche romántica y festiva del yunce Verde Florido del Barrio “El Carmen” en la Unión, tenemos cumbia para rato, así que con o sin cerveza… ¡SALUD!