Cuentan las leyendas antiguas que el Supay trascendía la maldad que evocaba, y que era el protector del camino al inframundo. Los Incas creían que después de morir, el alma pasaba a un segundo plano, a un nuevo comienzo junto con sus dioses.
A 3 mil metros sobre el nivel del mar los hombres y mujeres danzan incansablemente por 18 días alrededor de una virgen, agradeciéndole las bendiciones, extirpando las penas y jurando promesas para cumplir a lo largo de sus vidas. Es febrero y Puno (Perú) amanece alborotado por los aires de fiesta. Cuando la noche se extiende sobre los hombres, ellos la ahuyentan con sus fuegos de colores y se transmutan en seres mitológicos para andar por sobre las calles de la ciudad. Esta es la Fiesta de la Virgen de la Candelaria, declarada por la UNESCO como Patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. Aquí se presentan más de 200 danzas, es una fusión entre la cosmovisión andina (la celebración de la sagrada Pachamama) y las tradiciones católicas. Son alrededor de 40 mil bailarines y músicos, muchos de la etnia quechua y aimara, quienes se reúnen para la festividad. En esta celebración destaca la figura del Supay o Diablo andino, que según la mitología aymara es el amo y señor de estos lares. Así el desfile de danzas con trajes multicolores se convierte en una alegoría, en una metáfora de la muerte y el resurgir de la vida, la fecundidad a partir del baile, donde este demonio cumple uno de los papeles principales. Cuentan las leyendas antiguas que el Supay trascendía la maldad que evocaba, y que era el protector del camino al inframundo. Los Incas creían que después de morir, el alma pasaba a un segundo plano, a un nuevo comienzo junto con sus dioses.
Miguel Arreategui (Piura- Perú, 1985)
Dedicado a la fotografía documental. Egresado de la Universidad de Piura. Trabajó para las agencias internacionales de noticias France Press y Reuters durante el Fenómeno de El Niño Costero-2017. Su obra ha sido expuesta en Buenos Aires (Lime House Gallery) como parte de una exposición colectiva de retratos latinoamericanos organizado por Agence Wally. El año pasado expuso dos muestras individuales; una sobre el éxodo de las tejedoras de paja toquilla afectadas por la inundación del Río Piura; y la segunda, sobre la cultura del Caballo de Paso en Piura. Participó en la colección fotográfica Los Rostros del Perú, del programa “La Memoria del Hombre” de la UNESCO/París; y en la exposición fotográfica participativa “Autoretrato de una Nación” del Insituto Cervantes de New York; organizado por Ojos Propios.